Nabil en Badawi

Me suele pasar que, al volver de viajes memorables como el que hicimos en esta ocasión, me regalo a mi mismo momentos de reflexión sobre lo acontecido, y trato de sacar conclusiones al respecto.

Cuando comencé ese momento reflexivo, después de una larga siesta tras volver, lo primero en que me pasó por la cabeza fue una pregunta: qué es la vida.

Pensé en el poema de Calderón de la Barca: “¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Qué bonito. También pensé en las cachondas palabras del cantante catalán Josmar al respecto: “La vida és una sorpresa, et xucla com una compresa” (la vida es una sorpresa, te absorve como una compresa[1]). Me vino también a la cabeza lo que dijo en su día John Lennon, algo así como que la vida es aquello que te va pasando mientras te empeñas en hacer otros planes.

Finalmente me vino una frase a la cabeza que ya ni recuerdo quien dijo. Algo así como que la vida es una sucesión contínua de problemas que solo se agotan con la muerte.

Entonces pensé en un paseo que dimos en nuestro viaje por el campo de refugiados de Shatila, nuestra Shatila palestina, uno de los recuerdos palestinos más dolorosos, y como, en medio del camino, intrépidos y animados, con una Laura incansable, cámara en mano, nos encontramos a una anciana y decidimos hacerle una entrevista espontánea preguntándole sobre la vida en el campamento y sus sensaciones. La recuerdo como si la tuviese ahora mismo delante de mi. Recuerdo sus ojos de color negro azabache. Estaban apagados, faltos de brillo, inexpresivos. Entristecidos, como quien sólo mira por mirar. De su casi centenaria garganta surgía un hilillo de voz que denotaba queja y a la vez desgana, como quien protesta pero ya sin fuerzas ni esperanzas de que pueda servir para algo.

Cuando nos despedimos de ella, apresurados por nuestro programa extenso de visitas a lugares y personalidades, me pregunté cuánto tiempo llevaría viviendo ahí nuestra anciana, cuanto tiempo habría pasado desde que sus ojos dejaron de brillar, cuál fue el último día que de su cara brotó una sonrisa, cuando fue la última vez que se sintió feliz.

Al rato, alcé mi vista para ver a mi izquierda a Rita. Como si estuviese telepáticamente conectada a mi y a mis pensamientos sobre aquella mujer, ya había comenzado a llorar. El suyo era un llanto silencioso. La entendí muy bien. La abracé fuerte, y sin darme cuenta, a la vez, encontré alivio para mis pensamientos y mis sentimientos.

Entrando ya en un análisis en clave política, si hay algo que los palestinos en el Líbano tienen claro es que quieren ejercer su derecho al retorno, aunque sea de aquí a cien años. En eso, al menos conceptualmente, no parece haber ningún tipo de diferencia con la visión parlamentaria libanesa. Todos los partidos apoyan y defienden, sin excepción, dicho derecho al retorno. Por consiguiente, también argumentan que no es siquiera planteable nacionalizar a los palestinos como libaneses, pues les haría volver atrás en su reivindicación histórica, y haría que un problema originado por la ocupación israelí de palestina, y por lo tanto, responsabilidad primera del estado de Israel, recayese en quien no tuvo nada que ver al respecto, Líbano.

Donde sí hay planteamientos contrapuestos y visiones a conciliar es en lo referente a la otorgación de derechos civiles, sociales, de propiedad, de salud, educación y de trabajo a los casi 400.000 refugiados palestinos que viven en Líbano. Hay quienes piensan que darles esos derechos a los palestinos es comenzar a acomodarlos, proceso que también les llevaría a olvidar su derecho al retorno. Por otra parte, los hay que piensan que la no nacionalización no tiene nada que ver con la otorgación de dichos derechos, y que se trata de que, mientras los palestinos sigan viviendo en el Líbano, y hasta que puedan volver a Palestina, puedan tener una vida digna y honrada.

Desgraciadamente, la situación de fragmentación confesional que se vive en el Líbano, ligada con el trauma todavía muy reciente de 15 años de guerra civil, que planea todavía por la conciencia colectiva, no ayuda para nada a los palestinos. Íbamos en el autobús, cuando de repente quise compartir con Teresa una reflexión, diciéndole: “Te has fijado en el ejército libanés? No son el típico modelo de hombre de ejército, alto, fuerte, serio…”, y ella en un alarde de imaginación me contestó “Será que los eligen por cuota confesional”. Mi carcajada fue enorme, y momentos después pensé que en el fondo eso es la realidad libanesa. 17 es el número de diferentes confesiones que hay en el país, y ninguna ha de verse deslegitimada o ignorada. Miembros del partido Socialista, de Walid Jumblad, nos explicaban que en las últimas elecciones podrían haber llegado a acumular 18 escaños en el parlamento, pero que finalmente fueron 12, pues había una agrupación de otra confesión que no tenía representatividad, y tuvieron que ceder esos 6 escaños.

 

Bajo este contexto, los palestinos son, para una parte del parlamento libanés, un peligro a la estabilidad del mismo país. El trauma ya citado hace que nadie en ningún momento se plantee que los palestinos puedan ser un factor de éxito en la creación de riqueza para el propio Líbano, tal como lo han sido en el resto de países de medio oriente y el Golfo Pérsico. Sobre el palestino en el Líbano cuelga permanentemente un signo de interrogación, que perpetúa su situación, y hace que cada día sea más irrespirable que el anterior.

 

Los palestinos refugiados en el Líbano quieren vivir. Quieren que la vida sea lo sorpresiva que le parece a Josmar, o ese sueño que describe Calderón de la Barca. Quieren sentir la excitación, la alegría y la esperanza que nunca han vivido. Es necesario que les devolvamos a los palestinos el brillo en los ojos de quien mira hacia delante y vislumbra la luz de un nuevo amanecer. Y al verla, sonríe.

 

Por lo que hace referencia a lo vivido en Siria, decir que parece que la resistencia irakí a la ocupación norteamericana está más activa que nunca, pero al mismo tiempo, y una vez acabe dicha ocupación ilegal e ilegítima, comenzará un complicado proceso para controlar la situación de inseguridad ciudadana que se originó aprovechando el caos generalizado que se vive en el país. Un Irak libre y fuerte, referente como siempre fue de educación al más alto nivel en la zona, proclamará pronto que habrá ganado la guerra contra los Estados Unidos de América y sus aliados. La cuestión a partir de aquí será cómo se cambia de la actual situación de resistencia armada generalizada a un proceso político libre del condicionante colonial, pero que sea capaz de dar a las diversas comunidades confesionales en Irak reconocimiento y representación. En todo caso, si Líbano lo pudo hacer tras 15 años de guerra civil, cabe esperar que Irak también lo conseguirá.

Nabil Mansour, músico catalan de origen palestino.


[1] Con perdón de las damas.

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