A la hora de valorar este viaje no quiero entrar en resúmenes por días ni en valoraciones políticas pues el que me conoce sabe que no es lo mío. Quiero valorar el lado humano, el divino….
Todos sabíamos lo que íbamos a encontrar en este viaje, en prensa y televisión habíamos visto mil imágenes del desastre.
Edificios derruidos, gente entre miseria, pero este viaje fue mas haya… En este viaje pasamos del horror a la paz.
Hay sensaciones difíciles de describir y una fue en Sabra y Shatila.
El segundo día de nuestro viaje, nos llevaron al lugar donde tuvo lugar la masacre de Sabra y Shatila en la que murieron entre 700 y 3000 palestinos mientras el mundo miraba sin hacer nada ese 16 de Septiembre del 82. En ese lugar hace tan solo unos años que hay una placa que recuerda la matanza, en el mismo lugar en el que descansan los que allí murieron.
Y en aquel lugar, testigo de tanto sufrimiento pude sentir el horror, y llore por el. Nunca antes sentí algo tan fuerte, nunca antes había sentido a la muerte.
Pero hasta la muerte puede ser dulce, en la cama de una anciana rodeada de amor, pero esta muerte era distinta, solo sentí horror. Y después de este doloroso día me costaba creer que fuera a encontrar algo hermoso en este viaje, pero lo encontré.
Las calles de un campo cualquiera nos mostraban los testimonios de los ancianos del 48, de los que salieron de su casa con la promesa de volver, ellos te contaban sin que les entendiéramos, pero no hacían falta las palabras, hablábamos el mismo idioma….
Y aun cuando sus palabras solo transmitían desolación, yo encontré la paz, la mirada limpia del que no teme nada, del que no oculta nada y de nada se avergüenza.
La misma paz de los ojos de los niños que buscaban con su sonrisa encontrar la tuya, solo un gesto, paz.
Y sentí una paz tan fuerte como el horror anterior. Y también sentí esperanza, y también era tan fuerte como la paz o como el horror. Y fue fácil encontrarla, rebosaba en los ojos de los que trabajan cada día por un futuro y aunque piensan que trabajan para ellos lo hacen para todos, lo hacen para el mundo, nos sirven de ejemplo, ejemplo de trabajar para un mundo mejor.

Y si me quedo con algo de este viaje es con esto:

“Te pueden echar de tu casa, destruir tu pueblo, a tu familia, obligarte a vivir en una cárcel, pero nunca te podrán quitar el orgullo de ser palestino y aun cuando has vivido el horror, rebosas paz y esperanza.”

Patricia Diez.
Asociación Cultura, Paz y Solidaridad Haydée Santamaría de Madrid.

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