Caminamos por calles de menos de medio metro de anchura, bajo cables eléctricos que se asemejan a lianas, pisando aguas residuales y observando basuras entre las que los niños juegan.

Esto viene a ser un campo de refugiados, con miles de personas en unas condiciones lamentables, donde un espacio en el que 25 metros cuadrados pueden ser un lujo. Nadie se imaginaría que su espacio vital queda reducido a un espacio sin intimidad y sin expectativas, donde las viviendas crecen hacia el cielo según las familias crecen.

Esta causa es la consecuencia de una política que Israel mantiene de exclusión y Apartheid, aunque se produzca en también en otros países, con la complicidad de una Europa que calla. Quien se echa las manos a la cabeza, cuando nadie se preocupa que no se cumpla las resoluciones de la ONU (para este caso), ¿ Quien no desea ver que esta gente vive en cárceles al aire libre y con futuro sin vida? Solo queda la resistencia y el sueño de volver a su tierra.

Jesus Sanchez, miembro del ateneo Republicano de Vallecas y activista por los derechos humanos.

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