Día 2

El parlamento de Líbano es nuestro destino de hoy, nos encontramos ante la oportunidad de poder conocer de primerísima mano cuales son las impresiones de los partidos y las formaciones políticas libanesas sobre los refugiados palestinos y sus aspiraciones humanas y políticas en este país de medio oriente.

Líbano es un barco difícil de gobernar,acostumbrado a navegar por mares muy convulsos. La historia contemporánea, una guerra civil de 15 años que llevó al país al borde de la locura social, ha dejado traumatizada a la conciencia colectiva de los libaneses, que prefieren jugar a equilibrios casi imposibles de poder basados en repartos de responsabilidad según las diferentes confesiones del país, que son ni más ni menos que 17.

Los palestinos aquí no son ciudadanos. Todas las fuerzas políticas, sin ninguna excepción, nos dejan claro que están en contra de la nacionalización de todas esas personas, que desde que fueron injustamente expulsadas de sus tierras a partir del año 1948, han tenido que vivir en campamentos de refugiados en este país. Los motivos que argumentan dichas fuerzas políticas suelen ser, con más o menos matices, que la integración de los palestinos como ciudadanos libaneses anularía su necesidad de lucha por el derecho al retorno a Palestina, tipificado en la resolución número 194 de la ONU. Además, algún partido político también argumenta que la situación confesional del país es ya tan compleja que añadir repentinamente a otro grupo étnico, en este caso, los palestinos, podría acabar de destrozar ese frágil equilibrio.

Donde sí hay diferencias es en el derecho que deben tener dichos refugiados palestinos a obtener los derechos básicos que cualquier otro refugiado puede obtener en cualquier lugar del mundo: derecho a la propiedad, a la vivienda, introducción en el mercado laboral, etc. el primer partido que vemos, Oun, nos asegura que plantearse darles dichos derechos sería el principio de su nacionalización, hecho que de ninguna manera se puede admitir. En cambio, el segundo partido que vemos, Hezbollah, nos asegura que el derecho al retorno de los palestinos no es incompatible con el que pueden vivir con dignidad hasta que puedan hacer efectivo dicho retorno. Finalmente, también el partido socialista nos expresa su convencimiento de la necesidad de hacer estos derechos totalmente extensivos a los refugiados palestinos.

Por la tarde, llega el momento de acercarnos a una realidad histórica, uno de esos campamentos que viven en la memoria de todos los palestinos, el campamento de Shatila, donde en el año 1982 se produce una de las matanzas más salvajes de la historia de la humanidad. En una operación que duró 2 días y medio, las tropas maronitas, bajo la orden directa del que sería años más tarde Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, penetran en dicho campo, además de en el de Sabra, y matan del orden de 3000 a 4000 personas que allí residían. El ambiente que llena la explanada sobre la que hay enterrados cientos de palestinos es siniestro, y la sensación de estar en el lugar donde se llevó a cabo dicho crimen pone los pelos de punta.

Posteriormente, nos reunimos en el Centro para la Documentación y la Investigación en Beirut y hablamos con el responsable de dicho centro, así como con el responsable de relaciones internacionales. Nos damos cuenta de lo grande de la organización que nos acoge al presentarnos e invitarnos a un forum que tienen pensado realizar a finales de este año o principios del siguiente, y aprendemos que, para algunos, la causa palestina es mucho más que congelar asentamientos: se trata de la recuperación de la tierra y su soberanía para todos aquellos que fueron desterrados y desposeídos.

Nabil Mansour, musico catalán de origen palestino

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